Los valores para la vida nos llevan a reflexionar sobre la manera en la que nos desenvolvemos en nuestro entorno. Los valores son las cualidades que vamos adquiriendo o que son atribuidas a lo largo de nuestra formación como individuo y como parte de un grupo social. Son importantes por lo que significan y por lo que representan, son actitudes y sentimientos que van de acuerdo con nuestras creencias y pensamientos siendo la fuente de satisfacción y plenitud.
El estudio de los valores nos lleva a reconsiderar nuestra forma de actuar desde diferentes escenarios: el personal, el de relación y el de sentido último, identificando en todo momento su funcionalidad e interiorización como parte de la vida de cada persona pero sobre todo, de su propia manifestación ante la sociedad.
¿Qué esperas?...Descubre cuales son los valores que debes aplicar en tu vida, que te permitirán orientar tu comportamiento.
Muchos(as) grandes pensadores(as) han reflexionado sobre la vida cotidiana. La filosofa
húngara Agnes Héller, describió la cotidianidad como “el espejo de la historia... el conjunto de
actividades que caracterizan la reproducción de los hombres particulares, los cuales crean la
posibilidad de la reproducción social…. Es la forma real en que se viven los valores, creencias,
aspiraciones y necesidades.”
Desde esta perspectiva, la familia es la primera escuela de la vida. A partir del momento en que
la mujer está en proceso de gestación, el feto depende totalmente de ella. Dicho contexto le
requiere a la mujer estar profundamente consciente de su rol, y ejercer responsabilidad al actuar
con la calidad necesaria para enfrentar las situaciones que vive diariamente, para contribuir al
desarrollo de una vida.
El proceso de gestación es un periodo de vida intenso y complejo para la mujer. Poco a poco
surge una relación, que con el transcurrir de los días y el desarrollo de la vida y la sensibilidad,
frecuentemente resulta en una profunda experiencia humana basada en la mutualidad.
Al nacer, independientemente de su estado físico, la criatura requiere de un cuidado
extraordinario que atienda sus necesidades cotidianas. Indefenso y totalmente dependiente, por
instinto buscará el calor humano. Proporcionalmente a su estado físico, interactuará con lo que
le rodea. El ambiente familiar, la comunidad, los vecinos, el cuido y eventualmente la escuela
moldearan su vida.
Dadas estas condiciones, los profesionales que inciden directamente en la salud, educación y
bienestar de un niño(a), deben mantener un alto nivel de responsabilidad en el ejercicio de sus
tareas. Particularmente, el cuido y la escuela habrán de proveer un apoyo fundamental a la
familia en el proceso de la crianza. Los diversos componentes que formaran parte de su
entorno, ejercerán influencia sobre su calidad de vida. Específicamente, las vivencias
experimentadas en el núcleo familiar, la escuela, el trabajo, los espacios para cultivar sus
creencias, y sus relaciones de pareja, habrán de incidir en la formación de su identidad.
El crecimiento y desarrollo de una persona es proporcional al valor con el que se le ha tratado y
se le trata, y a los valores que esta asuma y practique en su cotidianidad. En la medida en que
practiquemos valores para el beneficio de nuestros(as) niños(as), los que nos rodean y nosotros(as) mismos(as), la calidad de nuestra vida individual y social incrementará
notablemente. Ciertamente, la influencia y el alcance abrumador de los valores en nuestro diario
vivir, también nos lleva a reflexionar profundamente sobre su ausencia.
En la cotidianidad podemos escuchar frecuentemente frases como “los valores se han perdido.”
En nuestra perspectiva, los valores no se pierden, se pierden los seres humanos. Practicar o no
los valores, es simplemente cuestión de voluntad: querer hacerlo. Ejercer la voluntad requiere que cada uno(a) actúe según sus propias convicciones: hacer lo que
realmente se quiere hacer. Practicar un valor sin que nadie me lo pida u ordene, es un evento
profundamente importante: es la esencia de lo que uno es como ser humano, conforme a la
acción que se lleve a cabo. Un ejemplo cotidiano sencillo es valorar que alguien agradezca que
se le ceda el paso, algo que no se ve a diario; pero todavía hay personas que practican el civismo
intencionalmente, y con ello contribuyen a que la convivencia cotidiana sea pacífica y agradable.
La riqueza más importante de una sociedad, es proporcional a la calidad de vida que se
experimenta en su cotidianidad.
Por ejemplo, cuando practico la bondad, proyecto una
inclinación hacia el bien, que puede influenciar positivamente la percepción y los estados de
ánimo de los demás. En un escenario conflictivo, dar el primer paso para la reconciliación
después de un mal entendido, es un acto valiente que demuestra madurez y humildad, y que
puede contribuir al proceso de limar asperezas para el bienestar de la relación o la calidad de
vida de un grupo. El que se esfuerza y hace cosas en beneficio de los demás, bien puede derivar
resultados saludables sobre lo que ha cosechado. ¿En alguna ocasión has tenido la experiencia
de tomar la ruta del expreso, y te das cuenta que no tienes el menudo para pagar el peaje, y de
6
repente aparece alguien que se baja de su automóvil y te comparte las monedas que necesitas?
“Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”. Platón
Los valores como el respeto, la confianza, el civismo, la bondad, la confiabilidad y la justicia, los
trasmitimos cotidianamente a través de acciones concretas, ya sea en la vida familiar y en
nuestras relaciones con los demás. La práctica de los valores debe convertirse en ejemplo, en
marco de referencia que inspira sensibilidad y compromiso en pos de contribuir a la calidad de
vida de todos.
Recuerdo una experiencia que tuve en unión a varias de mis compañeras Educadoras Senior.
Tuvimos la oportunidad de trabajar un curso de valores para los Residenciales San Antonio en
Puerta de Tierra y Luis Llorens Torres, para niños y niñas entre las edades de 5 a 15 años.
Observamos que la mayoría de los niños y niñas querían participar constantemente, exponer sus
puntos de vista, y relacionarlos con el tema de los valores, a partir de sus vivencias cotidianas: en
la escuela, el hogar, o con sus amistades. Lo más que me complació fue que al finalizar el
itinerario de trabajo, los niños y niñas se acercaban visiblemente complacidos(as), y demostraban
un cariño y respeto extraordinario. No es posible olvidar los abrazos recibidos ese día.

Comentarios
Publicar un comentario